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Agresividad

Cuando los padres tienen apoyo y conocen como entender y manejar adecuadamente  la condición de su hijo o hija con autismo, no solo lo ayuda en su desarrollo sino que logra continuar con una vida familiar placentera y gratificante para todos. La sensación de exclusión que sienten los padres de niños con autismo de las actividades comunales y familiares porque su hijo o hija presenta un comportamiento diferente es profundamente desolador y abrumante; sobre todo si es un niño con poca tolerancia que reacciona con rabietas  a  la exposición de situaciones nuevas o sencillamente diferente a la rutina cotidiana.  Tal situación, a veces los obliga a un aislamiento social voluntario pero igualmente doloroso y agobiante.   Lograr controlar las rabietas o agresividad hacia sí mismo o hacia otros de un niño con autismo, es el primer paso para que la familia pueda lograr mayor relajamiento y una vida de plena participación social y esparcimiento en forma adecuada.

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Los niños con autismo, como cualquier otro niño en desarrollo, tienen poca tolerancia a las actividades largas y tediosas donde pierden interés y se aburren. Varíe continuamente las actividades, aunque siga enseñando la misma destreza o concepto utilizando estímulos variados alternadamente que retengan el interés y participación activa del niño o niña con autismo.

Si se piensa que no se tienen las herramientas necesarias para lidiar con las situaciones que pueden crear esa agresividad, consulte a un especialista en la conducta para que le ayude a establecer un plan de modificación de conducta personalizado para su hijo o hija con autismo.

La agresividad en los niños con autismo

La agresividad u hostilidad es una reacción bastante común en los niños con autismo, sobre todo si carecen de la comunicación verbal. Surge, generalmente, cuando el niño o niña siente la necesidad de proteger su seguridad, felicidad o bienestar propio. Esto puede convertirse en un problema grave cuando es una conducta repetitiva y sin control. Es un riesgo o peligro potencial tanto para el niño con autismo como para otros a su alrededor.

La agresión se puede dividir en dos tipos: física o verbal (aun si no hablara puede ser con gritos y rabietas de llanto y gritos). Esta conducta puede tener diversas causas, las cuales pueden incluir: el deseo de llamar la atención, cambios en la rutina que los hace sentir cómodos y seguros, conseguir lo que quieren, imitación, respuesta a frustración, cultura agresiva, castigos, presión de grupo, sentimiento de abandono e incluso dolor, picor intenso, malestar fisiológico, entre otros.

La prevención de la agresividad en un niño con autismo es un trabajo arduo que conlleva mucho compromiso, paciencia y constancia. Entre las maneras de prevenir esta conducta se pueden incluir:

Establecer una rutina y método de disciplina consistente donde se recompensen las conductas adecuadas y se ignoren o reprueben las conductas inapropiadas. Los “castigos” NUNCA deben ser físicos porque además de lesionar al niño física y emocionalmente, lacerando su autoestima, aumenta la conducta agresiva y violenta. Por ejemplo:

  • retirar al niño del ambiente usual a un lugar apartado y ausente de estímulos propicia que el niño se calme. El “retiro” o “time out” debe ser corto pero debe esperarse a que el niño se muestre calmado.
  • Si el niño reacciona agresivamente al NO o a cualquier otra medida restrictiva, dirija la actividad de otro modo. En vez de decir NO, pídale que haga algo que sea de su gusto. Por ejemplo: “no toques” puede precipitar que tire al piso lo que no se desea que sea tocado. En vez del NO toques, podría dirigir su atención en “toma tu juguete” “tráeme tu bola” “vamos afuera”. De esta forma previene la rabieta y evita que por cansancio sea deamisado tolerante y refuerce la conducta que no desea repita.
  • limitar la exposición del niño a la violencia en los medios de comunicación, en su medio ambiente o en los juegos que accesa.
  • evitar las discusiones frente al niño y propiamente con el niño. Regáñelo firme pero calmadamente. No grite, no lo sujete a menos que este en riesgo.
  • proveer alternativas para que el niño o niña descargue su energía. Establezca rutinas de aprendizaje o control de lapsos de no menos de quince minutos y no mayor de treinta (30) minutos. Permita actividad física como correr, saltar o cualquier otra del agrado del niño o niña por algunos 10 minutos. Luego regrese a alguna actividad rutinaria.
  • Entre actividades permita que salga a un parque o al patio y permita que corra y juegue libremente. Si no tiene espacio, adquiera un pequeño trampolín o cualquier otro equipo de juego físico y colóquelo en su espacio seguro y lejos de mueves en su propia casa. De esta forma podrá brincar o descargar la energía

Autismo – Estamos Juntos

Nilda Morales – MS; OTR
Presidenta de SER de Puerto Rico 787-767-6710
Portavoz Nacional de Easter Seals para la población Hispana con Autismo.

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